Ana Botella y mi suicidio social

De 15 de septiembre de 2013enero 28th, 2021Tinta fresca
ana botella

Sé perfectamente lo que me espera. Cuando pinche en la casilla de publicar y distribuya el contenido de este blog, la familia empezará a hacerme el vacío, los amigos dejarán de invitarme a cenar, los conocidos ladearán la cara al cruzarse conmigo, los camareros me derramarán el café sobre la corbata, los compañeros no volverán a pedirme que les haga de negro en sus mensajes de sexting y mi gata me ignorará más de lo normal. Sí, un suicidio social en toda regla.

Pero es lo que tiene esto de los blogs, que no siempre uno escribe lo que le conviene. Y no puedo dejar pasar un minuto más sin decir que a mí el discurso de Ana Botella en Buenos Aires me pareció bien (los abucheos para el final, por favor). Puedo estar equivocado, pero he repasado el discurso completo unas cuantas veces,  lo he desmontado (lo he escuchado sin imágenes y lo he visto sin sonido, para captar mejor todos los detalles de la intervención) , y en definitiva lo he analizado del derecho y del revés. Después de todo lo cual sostengo humildemente que:

  • El mensaje central del discurso está muy bien armado. La idea de que los Juegos Olímpicos son una exaltación de la vida, y no solo del deporte, es brillante y conecta con el cosmopolitismo y la alegría de Madrid. Le falla el celebérrimo «relaxing», porque un café con leche, incluso in Plaza Mayor, es más bien «stimulating».
  • El discurso no verbal de Ana Botella es aceptable. Aunque se nota que está un poco envarada, proyecta expresividad, maneja bien las manos y los movimientos de cabeza, y sus gestos tienen un punto pasional que encaja bien con el contenido de la intervención. Le sobran los arqueos de cejas, muy visibles quizás porque las lleva demasiado pobladas.
  • La entonación, a veces histriónica o cantarina, es quizás la parte más floja del discurso. Pero si uno consigue abstraerse del soniquete del rap que tanto éxito ha tenido en las redes sociales, se dará cuenta que solo desafina en dos o tres pasajes.
  • El inglés de la alcaldesa es mejorable y tiene, claro, un fuerte acento español, pero no es terrible. Se le entendió todo. No lo digo yo, lo dice un amigo británico que lo compara con el acento que tiene el ex futbolista Michael Robinson cuando habla en castellano.  Sorprende que un país ignaro en lenguas extranjeras como el nuestro proceda al linchamiento idiomático de la alcaldesa cuando se trataba de un discurso en el que la buena pronunciación en inglés no era un prerrequisito para hacerlo bien. Así lo demuestra el hecho de que muchos de los miembros del COI tenían los cascos de traducción puestos y ni se enteraron de si Botella hablaba inglés bien o mal, en el supuesto de que fueran capaces de distinguir una cosa de la otra.

De todo lo cual deduzco que la hipercrítica y a veces divertida campaña organizada en torno al discurso es, más que otra cosa, una válvula de escape de la frustración por la no concesión de los Juegos Olímpicos a Madrid. Nada que objetar. Pero quizás lo que en el futuro quede de poso de esta polémica sea una alcaldesa mucho más popular, y por tanto con más posibilidades de ser candidata en las elecciones municipales de 2015, que antes del fiasco de Buenos Aires. El tiempo lo dirá.

Post Scriptum. Que no, que a mí Ana Botella no me cae nada bien.

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