Pánico nuclear en los blogs de empresa

De 3 de marzo de 2011enero 28th, 2021Tinta fresca
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“Los blogs de empresa son un invento del diablo”.

Me lo dijo hace unos meses un amigo mío, responsable de Comunicación de una gran empresa, y me quedé sorprendido, aunque más por el tono y por la expresividad que por el contenido de la afirmación. Yo le pregunté que por qué y me respondió con su sinceridad habitual. “A mí me pagan por controlar la información”, dijo, “y los blogs son como un escape nuclear en el control de la información, así que… por encima de mi cadáver”.

La opinión de mi amigo debe estar muy extendida entre las grandes empresas españolas, porque el uso entre ellas de los blogs corporativos es casi marginal. Blogs, lo que se dice blogs (o sea, columnas de opinión escritas en un tono informal y no propagandístico por una o varias personas de la empresa perfectamente identificadas en las que se admiten comentarios y se genera una debate genuino sobre cuestiones relacionadas con la propia compañía, según la definición de Debbie Weil, que es una señora americana que vive en Londres y que sabe mucho de esto, ufff, que largo me ha quedado este inciso), repito, que blogs, lo que se dice blogs, hay poquísimos.

Para ser justos, hay algunas que lo intentan, pero se quedan en aproximaciones: le ponen el nombre de blog a simples buzones de información, hablan de la mar y de los peces o simplemente los esconden en los sótanos de sus páginas web no sea que se hagan demasiado populares.

Y sin embargo…

Sin embargo, los blogs corporativos son cada día más útiles. Estando metidos como estamos ya hasta el cuello en el lío de las redes sociales (se organizan más seminarios sobre este asunto que cuando lo del efecto 2000 de los ordenadores, ¿se acuerdan?), el blog viene a ser como el campamento base o el ancla de todo ese ruido que se genera en Internet. El blog es tu refugio. Porque cuando juegas en Twitter o en Facebook o en Linkedin, juegas en campo contrario y con reglas ajenas, pero si tienes tu blog pueden fijar tus propias reglas.

¿Qué tienen sus riesgos? Pues claro. La retahíla de argumentos en contra es bien conocida. Qué si quitan tiempo, que de qué diablos voy a escribir, que si me puedo meter en líos legales, que si me van a criticar… Pero son riesgos que se pueden gestionar, y cada vez hay más experiencias de éxito en la materia.

Pero de eso hablaremos otro día porque me ha dicho mi editor que no me pase de 400 palabras ni muerto.

Post scriptum. Esta es la primera entrada del primer blog de la segunda web de Sílaba Consulting. Hablar de blogs en el estreno de un blog era una tentación obvia a la que obviamente he decidido sucumbir. Si les he aburrido, díganmelo sin remilgos que intentaré variar el tiro.

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