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Fernando Saiz. 24 de mayo de 2011

 

Restaurante La Canela. c/ Majalhorno, s/n Piedralaves (Ávila).

Factura para seis, con cervezas, refrescos y vino: 120,30.

Precios. Menú selección (crema de patata con seta china, salmón o ternera teriyaki o tarta vegetariana, guarnición variada de verduras y tarta de plátano o chocolate o grosella), 15,00. Menú desgustación (una docena de platos, según mercado), 27,00. Alcorta crianza, 15,00. Agua sin gas, 2,00. Café, 1,50.

Puntuación comida: 7,00. Puntuación precio: 7,50. Relación comida/precio: 7,25.

¿Comida de de inspiración mediterránea y toques asiáticos, preparada y servida por un camarero danés en un salón con decoración minimalista en medio del valle del Tiétar? Pues sí, pásmense, eso es lo que se puede uno encontrar en la bonita localidad abulense de Piedralaves, famosa por sus pinos, sus regatos y sus campamentos y a hora y media de camino desde Madrid.

El envoltorio de la sorpresa es La Canela. Se trata de un cuco hotelito en forma de paralelepípedo que se yergue en la falda de la sierra de Gredos y que con su fachada de cemento y su diseño de líneas puras es como una construcción de Lego (¿no son estos también daneses?) en medio de un óleo de Antonio López.

En su restaurante, que ofrece vistas sensacionales del paisaje serrano, se come muy bien aunque ciertamente no lo que uno quiere. En el menú degustación, que no encargamos, te sirven una docena de platillos sin posibilidad de elección, mientras en el menú selección tienes más margen, aunque limitado a tres segundos y tres postres. De hecho, el plato principal lo tienes que encargar antes de llegar a comer. Es lo que tienen los restaurantes rurales, que no generan clientela suficiente para ofrecer una carta amplia al comensal.

Si omitimos las pocas posibilidades de elección, lo cierto es que en La Canela la comida está estupenda. Nuestro amigo el danés no es igual que su compatriota René Redzepi (el jefe de cocina del Noma de Copenhage, el considerado mejor restaurante del mundo) pero se da muy buena maña en la composición de los platos. El danés mezcla productos de la tierra, como la ternera o las verduras, con ingredientes japoneses, chinos, turcos, indonesios o tailandeses, y el resultado es una cocina limpia, sabrosa y muy sana. El wasabi, convenientemente rebajado, combina bien con el langostino; las algas aparecen en un delicado plato de verduras, las setas chinas enriquecen una magnífica crema de patata y la salsa terayaki le va formidable a los trocitos de ternera que configuran el plato principal.

La eficiencia del danés es, además, asombrosa, pues él solito, casi sin ayuda, se las apañó para cocinar y servir a los catorce clientes que estábamos en el local. Si el ministro Sebastián sigue empeñado en lo del cambio del modelo productivo y en aumentar la competitividad de la economía debería darse una vuelta por aquí.

El precio es otro de los grandes atractivos de La Canela. Por los 15 euros que cuesta el menú selección (IVA incluido) uno se calza un aperitivo, dos platos, una abundante y variada guarnición y un postre de calidad. Con la bebida y los cafés, la factura se estira un poco, hasta los 20 euros por cabeza, pero sigue siendo una ganga. Se trata de una de la ofertas gastronómicas con mejor relación calidad/precio que he visto en los últimos tiempos. Y si el danés fuera un poquito más sociable (hay que ver, había que sacárselo todo con sacacorchos), pues ya sería perfecta.

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